¿Cómo se produce lo que comemos?

Sistemas de producción agroindustrial, agroecológico y orgánico


En Argentina existen tres modelos productivos del cual se obtienen los alimentos y comestibles que consumimos: el agroindustrial, el agroecológico y el orgánico.

En el siguiente artículo analizaremos cada uno de estos modelos para evaluar sus beneficios y perjuicios (si los hubiera en cada caso) para la salud humana y del planeta.


SISTEMA CONVENCIONAL AGROINDUSTRIAL

La producción agroindustrial es el modelo dominante. Tras la revolución verde, logró instalarse con éxito por dar una alta rentabilidad y disminuir los riesgos de pérdidas de cultivos o cabezas de ganado. Todo su diseño está basado en una perspectiva extractivista y utilitarista de los bienes naturales comunes, por lo que es responsable de la exacerbada pérdida de biodiversidad y contaminación ambiental.


En palabras de Horacio Machado Aráoz “el extractivismo, consiste en una formación socioeconómica basada en la explotación intensiva de la Naturaleza, centrada en la exportación de materias primas como ‘motor del crecimiento’ en el que, a su vez, los sectores primario-exportadores se hallan bajo el control (comercial, tecnológico y financiero) de actores concentrados de la economía global, y donde, consecuentemente, el nivel interno de actividad económica (consumo, ahorro, inversión, empleo) resulta estructuralmente dependiente del mercado mundial”.


Este modelo productivo concentra sus esfuerzos en la producción de commodities, materia prima para la industria de agrocombustibles, cárnica y textil. Sus subproductos son utilizados en la industria alimentaria como aditivos.

Desde que ha sido instalado en el mundo y en nuestro país, la mecanización del campo se ha profundizado año tras año, disminuyendo como consecuencia el empleo en este rubro ya que se vuelve innecesario el trabajo humano en pos de maquinarias y tecnología.


Otra de sus “innovaciones” se trata del diseño y uso de organismos genéticamente modificados (OGM) y monocultivos, que son semillas modificadas en laboratorios con la excusa de mejorar alguna de las características del alimento (resistencia a sequías en el caso del nuevo trigo transgénico, por ejemplo), pero cuyo objetivo real es la tolerancia a cierto tipo de agroquímico que la misma empresa productora de semilla se encarga de comercializar.

“Las semillas híbridas y transgénicas están patentadas (tienen dueño) con lo cual el agricultor también necesita comprarlas para asegurarse una ‘buena producción’ ” (Ing. Eduardo Cerdá). Se crea así un círculo perfecto que beneficia económicamente a la industria agroindustrial, a costa de la aplicación de venenos en los alimentos que luego son consumidos en los hogares de todo el país. Cada año se requieren más litros de agroquímicos para vencer la resistencia que desarrollaron las “plagas” y “malezas”, lo que genera dependencia de los/as productores hacia estos insumos de alto costo.


Los agroquímicos son aplicados sin ningún tipo de control de parte de los entes reguladores nacionales; tienen efecto neurotóxico y de disrupción endócrina, provocando intoxicaciones (como el caso de Chaco este mismo mes de octubre), enfermedades de todo tipo (cáncer, enfermedades autoinmunes, alteraciones endocrinológicas, asma, alergias, etc), infertilidad, abortos espontáneos, malformaciones genéticas, bajo coeficiente intelectual y contribuyen al desarrollo de Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT).


Generan, además, la disminución y pérdida de biodiversidad de los suelos y especies animales y vegetales que se relacionan a estos cultivos, afectando la salud de los ecosistemas y disminuyendo la calidad nutricional del alimento obtenido (menos nutrientes y más venenos en su composición).


Es un modelo que considera a la naturaleza como un recurso no como un bien natural común. Provoca la pérdida de biodiversidad, desertificación, contaminación del suelo, el aire, el agua y los alimentos. Atenta contra el derecho humano al acceso de alimentos nutritivos e inocuos y a un ambiente sano que nos permita vivir con salud.


La ampliación de la frontera agropecuaria (consecuencia y objetivo de este modelo productivo) provocó el desplazamiento de pueblos originarios de sus territorios y la migración a gran escala de personas que vivían en zonas rurales hacia la ciudad. Causó el hacinamiento de personas en las grandes urbes y con ello creció la marginación y la pobreza.


La transformación del modelo productivo impactó sobre el desarrollo de nuevas prácticas de vida, entretenimiento y formas de relacionarse instalando una nueva cultura, la cultura del hiperconsumo.


MODELO AGROECOLÓGICO

El modelo agroecológico tiene como objetivo producir alimentos nutritivos.

Apuesta al comercio de cercanía, favoreciendo la comunicación y contacto entre los/as productores y personas o familias consumidoras, y colocándolos en el centro de importancia del proceso de producción y consumo, en lugar de priorizar los beneficios económicos de intermediarios.


El uso de insumos químicos en este modelo productivo es mínimo (en casos de transición) o nulo, y se rechaza el uso de semillas transgénicas e híbridas. Frente a los procesos de producción convencionales que son altamente dependientes de insumos, la agroecología se presenta como un modelo alternativo de independencia productiva.


La producción y modo de vida agroecológico es uno de los caminos para alcanzar la soberanía alimentaria, ya que:

  • Aplica principios productivos ecológicos y sostenibles que promueven la justicia socioambiental

  • Respeta la diversidad cultural protegiendo la salud de la comunidad y la de generaciones futuras.

  • Cuida la salud socioambiental, protegiendo la biodiversidad del planeta y evitando la exposición de alimentos, personas, otros seres y la misma tierra a agentes tóxicos.

Generalmente este tipo de cultivos y producciones se realizan dentro de una economía familiar, pero también es posible cultivar a gran escala logrando rindes y ganancias similares a la de la producción agroindustrial; como ejemplo podría citarse el establecimiento agroecológico ´La Aurora´ en Benito Juarez, asesorada por Eduardo Cerdá (https://lavaca.org/mu79/la-que-se-viene/).


Este modelo estimula el comercio justo y proteje el trabajo de los/as productores al promover la comercialización a un precio establecido por los/as agricultores y organizaciones de campesinos, rechazando la explotación, precarización laboral y el trabajo infantil.


Distingue además, el rol principal de la mujer campesina desde una perspectiva ecofeminista, reconociéndola como cuidadora del hogar y de la familia a la vez que agricultora productora de vida. Hace algunos años las mujeres trabajadoras de la tierra comenzaron un proceso de empoderamiento que se vincula a la alimentación sana, la agroecología y la recuperación de esos saberes de agricultura que siempre han tenido y que fueron menospreciados, desvalorados, designados como atraso para la sociedad y reemplazados. (Más info).

Al ser un modelo antihegemónico, la agroecología enfrenta múltiples resistencias para desarrollarse, especialmente de corporaciones y empresas multinacionales que patentan sus propias semillas y paquetes tecnológicos que acompañan su producción.


Al día de hoy se está trabajando en un sistema de garantías participativas para dar cuenta de la trazabilidad y el origen del alimento agroecológico, certificación a cargo de las propias organizaciones que trabajan directamente con la tierra.


MODELO ORGÁNICO

El modelo de producción orgánico comparte algunas semejanzas junto al modelo agroecológico, como ser la aplicación de prácticas agrícolas ecológicas, la no utilización de agroquímicos para el cultivo de alimentos, el rechazo a semillas transgénicas, reguladores del crecimiento y aditivos para piensos del ganado. Si bien se aplican similares prácticas productivas en ambos modelos, el modelo orgánico no se detiene en el impacto socioambiental que provoca toda la cadena.

La gran diferencia se centra en que el alimento es producido para abastecer un mercado particular, con gran proporción de exportación hacia otros países. La población argentina prácticamente no tiene acceso a este tipo de alimentos porque son más costosos y/o exportados.


Son productos que suelen elaborarse para satisfacer la demanda del mercado externo. Su valor en el mercado interno es más alto que el convencional e incluso que el agroecológico debido a que lleva un sello de certificación orgánica que tiene un alto costo para el productor, y eso se traduce en el precio final. El objetivo es netamente comercial, salvo excepciones.


En conclusión...

La evidencia y experiencia demuestran que la producción de alimentos agroecológicos es un camino para alcanzar nuestra soberanía alimentaria, aunque necesita ayuda para que se la reconozca como tal.


Por esto es que desde SANAR apoyamos el pedido de #leydeaccesoalatierra #leydefomentoalaagroecología por nuestra salud socioambiental, y rechazamos la ley de fomento a la agroindustria, el trigo HB4 y las mega granjas porcinas.


Exigimos más agroecología para lograr nuestra soberanía alimentaria, y garantizar a la población el derecho a una alimentación sana, segura y soberana.


FUENTES

https://saludsocioambiental.net.ar/wp-content/uploads/2020/03/Verze%C3%B1assi-y-Vallini-2019-Transformaciones-en-modos-de-enfermar-y-morir-en....pdf

http://ria.inta.gob.ar/contenido/ser-productivos-y-sustentables

Gilles Lipovetsky, La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo. Barcelona. Editorial Anagrama, 2007

https://inta.gob.ar/noticias/agroecologia-la-colaboracion-natural-0

https://lavaca.org/mu79/la-que-se-viene/

https://uniondetrabajadoresdelatierra.com.ar/genero/

Aguirre, P. (2017) Una historia social de la comida. Buenos Aires, Lugar Editorial.

https://www.fao.org/3/ad818s/ad818s03.htm